lunes, 4 de agosto de 2014
Cierra los ojos
Me desperté sollozando. Con la respiración a mil y las mejillas bañadas en lagrimas. El recuerdo de un sueño lleno de cajones de madera, caras pálidas y abrazos de por medio que al principio eran agradables y reconfortantes, pero que poco a poco se convertían en una desilucion, venían a mi mente. Mi mundo se caía a pedazos. La idea de no volver a verlo me destrozaba. Las lagrimas seguían rodando por mis mejillas a medida que avanzaba por un extenso pasillo negro sin luz... sin salida. Gritos y más gritos se oían desde aquel oscuro y tenebroso pasillo. Se iban sumando susurros acompañados por los constantes sollozos. Hasta que lo vi. Y ahí estaba él, con la expresión relajada y se lo veía feliz. Estaba feliz y siempre lo seria.
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